Vivió
en Haití?
Siendo niña, sí. Por eso sé que en Europa vivimos de espaldas a los
riesgos que allí amenazan las vidas: allí viven intensamente, aquí
vivimos anestesiados.
Pues bendita anestesia.
Pero pagamos un precio: aquí la vida no late. Y, aburridos,
llegamos a deprimirnos. Y nos afanamos en distraernos.
¿Y qué propone?
Adiestrémonos en gestión emocional. La ciencia demuestra que
todo - hasta un pensamiento-arranca de una emoción: ¡somos animales más
emocionales que racionales!
Pobre Descartes, qué viejo se queda...
Sí, pero ¡en las escuelas todavía no enseñamos a nuestros niños
a gestionar sus emociones! ¡Qué atraso!: hacerlo reportaría fabulosas
bendiciones para ellos y la humanidad.
¿Se puede enseñar a sentir?
Nos enseñan a desconfiar, recelar, sospechar, despreciar, odiar... ¡Que
nos enseñen a amar! Nos enseñan que el mundo es peligroso, pudiendo
enseñarnos que es fabuloso.
¿Lo es?
Hay sólo dos modos de relacionarse con el mundo: desde el miedo
o desde el amor. Sentir curiosidad por el mundo es amarlo, es lo mismo.
¡Es lo que sienten los niños pequeños!
Esa inocencia radical, ese amor, curiosidad... es lo que luego nos
enseñan a perder.
¿Por qué hacemos eso?
La educación aún premia las emociones defensivas ante el mundo, en lugar
de premiar las emociones amorosas hacia el mundo.
Será por algo, ¿no?
Porque seguimos anclados en lo que hace 100.000 años resultó útil para
sobrevivir en entornos cuajados de peligros: herramientas - miedo,
angustia, tristeza, ira...-que hoy quedan anticuadas y son ya un lastre.
¿Recibió usted de sus padres la educación correcta?
Me dieron las dos cosas que hoy se sabe que son los dos puntales de la
felicidad.
¡Dígamelas, por favor!
Una: afecto. Dos: sentido de control sobre tu vida.
Explíqueme esto.
Recibir afecto en la infancia infunde confianza y seguridad ante el
mundo. Estudios sobre resiliencia - capacidad para remontar tremendos
reveses-demuestran que niños tratados horriblemente que se agarraron a
una mirada amorosa... pudieron remontar.
Puntal uno: amor. Puntal dos…
Soberanía sobre tu vida. Mis padres jamás hablaron de "la
suerte", sólo de cómo actuar: eso te enseña a ser el piloto de tu vida.
¿Qué emociones premia usted al educar a sus hijas?
Las ayudo a identificar cada una de sus emociones: así entienden qué
está pasándoles.
¿Hay emociones positivas y negativas?
No. Hay emociones útiles e inútiles. Si un día están tristes,
las entreno a no temer a la tristeza y a saber qué está mostrándoles.
¿Y qué muestra la tristeza?
El temor por una pérdida: por una ausencia, una carencia, porque algo
termina... Si comprendes eso, ¡lo llevas mejor! Si no, esa tristeza
puede agobiarte, angustiarte... y hasta llevarte a medicarte sin
necesidad.
Eso se hace mucho por aquí.
Porque no escuchamos lo bastante las voces de nuestras emociones.
Habitúate a escucharlas y entenderás tus pasiones. Y una vida con pasión
y sentido es más feliz.
¿Cómo puedo descubrir mi sentido?
Al levantarte, cuestiónate: "¿Qué me hace hoy levantarme?". El psicólogo
Viktor Frankl lo planteó más crudamente: "¿Qué impide que hoy me
suicide?". Lo que se esconde tras la respuesta es tu sentido.
¿Y luego?
Aliméntalo. De lo contrario, podrías matarlo de hambre. Hazte regalos
emocionales. Quizá sea apuntarte a una clase de baile... ¡Siembra tu
vida de pequeños cambios!
¿Eso me hará más feliz?
Conozco un estudio hecho sobre 5.000 personas: un 10% declararon ser
felices. Pues bien, se observó que esas 500 personas habían seguido un
patrón común...
¿Cuál? Cuente.
Se habían marcado una meta. La habían puesto por escrito (o se la habían
contado a conocidos), en una especie de compromiso público. Habían
establecido metas volantes, etapas menores en el camino hacia su gran
objetivo. Y cada vez que alcanzaban una meta volante, se gratificaban
con algo.
Tomo nota.
Un amigo mío indio me dijo: "A vosotros os entierran a los 80 años, pero
os morís a los 20". Me hizo pensar... Hoy sabemos que nuestro cerebro es
muy plástico: ¡podemos reinventarnos cada día durante 80 años! No lo
hacemos. ¡Atrevámonos, pues es posible!
Excitante: reinventarte cada día.
Abrámonos a la realidad..., que incluye el misterio. Darle la espalda a
lo inconsciente y a lo misterioso nos priva del 80% de la realidad, ¡la
convierte en plana y aburrida!
¿Cómo aconseja mirar la realidad?
La ciencia nos habla de lo que sabe, pero no puede hablarnos de lo que
no sabe. No prescindas de todo eso. ¡Permítete inventar preguntas y
soñar respuestas! Es esa capacidad de inventar y soñar (y no sólo la de
analizar) la que nos hace plenamente humanos.
Gracias, maestra.
¡Los maestros son los niños! Ellos nacen libres, con esa inocencia
radical abierta al misterio, a la confianza en la vida y al amor al
mundo. Si la conservásemos..., ¡seríamos siempre creativos y felices!